miércoles, 13 de enero de 2010

Historias de Ultrachongo

Una Noche Loca Parte 1
Esta es la historia de Paco, un muchacho muy alegre y trabajador que una noche decidió tener una loca aventura con sus amigos, bebiendo unas plantas medias raras que recolectaron de un parque cerca a sus casas: San Peeedroo.

Eran poco más de las 7:00 pm. Paco fue a casa de Cristobal quien tenía el preparado en una botella de Gatorade; una copa cada uno y listo!. Esperaron a Pepo quien llegó con su fiel acompañante el cerdón y se fueron de compras mientras Paco repetía una y otra vez: "no pasa naadaa...". Pero al rato ya empezaba a sentir las primeras molestias, dolor de cabeza, ligero mareo y una brutal ansiedad!

Al rato, regresaron a casa de Cristobal donde les esperaba una dosis más de San Peeedroo. Como siempre, El Cerdón no quiso, arrugó!. mientras que Pepo y Cristobal parecían adictos a dicho jarabe amargo sabor a planta amarga helada. Una ronda más para cada uno y listo, a esperar los efectos... al principio, inmovilidad de las piernas, no daban ganas de pararse ni de mover la cabeza. Se sentaron a ver los Simpsons pero el idiota de Cerdón cambiaba mucho y no vieron bien.

10:00 pm, aun no llegaba El Culón con el postre, así que los 4 aventureros salieron en busca de emociones. Camino al Parque Quiñones, ansiedad extrema, no hambre, no sed, no frío, todas las necesidades fisiológicas estaban cubiertas. Todo parecía estar bien, Pepo aun no creía en lo que pasaba, sentados los 3 en la banca (porque el Cerdón estaba parado fumando y escuchando música como un verdadero autista) veían como la vida, el viento, la gente, el perro piedra y un gusanito travieso pasaban frente a sus ojos.

Se sentían entre el límite de la realidad y la stoneada, como vaivén, como caminar en la cuerda floja, pues el efecto ya estaba en sus cerebros pero era muy variable. Cristobal "estaba en sus días" todo le apestaba, todo sentía, todo escuchaba y veía, Paco seguía con esa ansiedad de hacer algo pero no sabía que y Pepo con hambre y jugando con el perro piedra, seguía sin creer en el poder del San Peedroo. Los tres con las pupilas dilatadas y los bordes de los ojos color verde, mientras eran observados por unas especies raras que solo dejaban ver sus ojos entre los árboles y la oscuridad de la noche.

(... Continuará...)

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